Publicado el 12/06/2025 por Administrador
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El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, logró este miércoles un respiro político al superar un intento de la oposición para disolver el Parlamento (Knesset) y adelantar elecciones. La moción fue rechazada con 61 votos en contra y 53 a favor, reflejando el frágil equilibrio que sostiene a la actual coalición gobernante.
La votación se convirtió en una prueba de fuego para el Ejecutivo, que enfrenta profundas tensiones internas, principalmente por el controvertido proyecto de ley sobre el reclutamiento militar obligatorio de jóvenes ultraortodoxos. Esta medida ha generado fisuras entre los partidos aliados del bloque oficialista, en especial con los sectores religiosos, quienes se oponen tajantemente a enviar a sus jóvenes a filas.
A pesar de la presión ejercida por la oposición y la inconformidad social, los socios ultraortodoxos de Netanyahu, que forman parte clave de la coalición, decidieron respaldar al gobierno. Aunque dos diputados de ese bloque votaron a favor de la disolución parlamentaria, la mayoría se alineó con el primer ministro, permitiendo la derrota de la propuesta opositora.
El trasfondo de este enfrentamiento legislativo es una disputa histórica en Israel: el servicio militar obligatorio. Mientras la gran mayoría de los ciudadanos debe cumplirlo, los jóvenes ultraortodoxos han gozado de exenciones durante décadas, lo que se ha convertido en un punto de creciente controversia, especialmente tras el estallido de la guerra en Gaza.
La situación se intensificó luego de que la Corte Suprema de Israel declarara inconstitucional seguir otorgando exenciones sin una base legal clara, instando al Parlamento a legislar al respecto. Esta presión judicial se sumó a la indignación de muchos ciudadanos que cuestionan por qué unos luchan y otros no.
La guerra con Hamas ha exacerbado estas tensiones. Con decenas de soldados caídos en combate y más de 80.000 hombres ultraortodoxos exentos de servir, el debate sobre la igualdad de deberes se ha vuelto más urgente. Para muchos israelíes, mantener las exenciones bajo el actual contexto es injustificable.
Netanyahu, quien ha maniobrado con habilidad para mantener unido a su gobierno, prometió avanzar en un nuevo proyecto de ley sobre el reclutamiento. Según el diputado Yuli Edelstein, presidente del comité legislativo del Likud, ya se ha alcanzado un principio de acuerdo entre los socios de la coalición. No obstante, aún queda por definir puntos clave como los porcentajes de alistamiento y las sanciones por incumplimiento.
Por ahora, el rechazo de la moción frena cualquier posibilidad de elecciones anticipadas por al menos seis meses, ofreciendo al Ejecutivo un margen para avanzar en la compleja negociación del nuevo marco legal. Sin embargo, el tiempo juega en contra de Netanyahu, cuya popularidad se ha visto erosionada por la guerra, las divisiones internas y las constantes protestas ciudadanas.
Desde la oposición, el mensaje fue claro: “Este gobierno se aferra al poder mientras el país exige respuestas y reformas”, declaró un portavoz del bloque opositor, que advirtió que seguirán presionando para forzar un cambio de rumbo.
En medio de la tensión política, la sociedad israelí sigue dividida, no solo entre derecha e izquierda, sino entre religiosidad y laicismo, deberes ciudadanos y privilegios históricos. El futuro del gobierno de Netanyahu dependerá, en gran medida, de su capacidad para resolver esa ecuación sin fracturar su base política.