Publicado el 16/05/2025 por Administrador
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La sesión inaugural de la nueva Asamblea Nacional, celebrada el pasado 14 de mayo de 2025, fue más que un acto protocolar. Se convirtió en una contundente muestra del nuevo equilibrio político que impera en Ecuador: la Revolución Ciudadana (RC), otrora fuerza dominante del Legislativo, quedó completamente marginada de los espacios de poder. Ni la presidencia, ni las vicepresidencias, ni un solo puesto en el Consejo de Administración Legislativa (CAL). El correísmo, por primera vez en más de una década, fue borrado del tablero institucional.
Desde los primeros minutos de la jornada, el bloque oficialista de Acción Democrática Nacional (ADN) demostró su habilidad táctica al tomar control de la comisión que validó las credenciales de los nuevos asambleístas, excluyendo de entrada a cualquier representante de RC. Fue una jugada milimétrica que anticipaba lo que estaba por venir: una jornada legislativa dominada por un oficialismo fortalecido y una oposición desarticulada.
La elección de Niels Olsen, exministro de Turismo y figura cercana al presidente Daniel Noboa, como presidente del Parlamento, fue el primer golpe concreto. Con 80 votos a su favor y el respaldo del Partido Social Cristiano, sectores de Pachakutik y otros aliados independientes, ADN logró imponer su hoja de ruta sin sobresaltos. El correísmo, reducido a observador, reaccionó con consignas que sonaban más a impotencia que a resistencia real.
La primera vicepresidencia fue para Mishel Mancheno, figura clave del entorno presidencial, y la segunda para Carmen Tiupul, representante indígena de Pachakutik. Ambas designaciones cerraron el círculo: ADN y sus aliados se quedaron con el pleno control de la directiva legislativa. El correísmo, mientras tanto, no solo no logró un espacio, sino que evidenció fracturas internas y falta de liderazgo operativo.
Intentos de reorganización de figuras como Viviana Veloz o Paola Cabezas no prosperaron, y la creación de la autodenominada “Bancada de la Gente” por parte de disidentes como Raúl Chávez y Jaime Estrada evidenció la pérdida de cohesión dentro del movimiento. Lo que alguna vez fue una estructura disciplinada y vertical, ahora se presenta dividida y sin rumbo claro.
El oficialismo no solo capitalizó las divisiones de la oposición, sino que articuló una mayoría eficiente y funcional que podría traducirse en una legislatura activa y alineada con el Ejecutivo. ADN supo leer el momento político, negociar con actores clave y neutralizar a su principal adversario.
Para la Revolución Ciudadana, el mensaje es claro: su hegemonía ha llegado a su fin. Lo que queda por ver es si podrán reinventarse desde la oposición o si, por el contrario, el desmoronamiento de su influencia será definitivo. La sesión inaugural no solo marcó el inicio de un nuevo período legislativo; fue, simbólicamente, el cierre de una etapa del correísmo en la política ecuatoriana.